domingo, 14 de diciembre de 2014

De Gengis Khan a los Urus

Por Clovis Díaz de Oropeza F. (EL DIARIO, especial).-Días atrás, científicos afirmaron que migraciones provenientes de Asia, poblaron extensas áreas de lo que hoy es América Latina, corroborando la explicación del desaparecido antropólogo Mario Montaño Aragón, respecto a que, por ejemplo, los idiomas “aymara y quichua son de orígenes turco-antaicos”. Es decir, dos variantes dialectales de la familia turco-antaico. El frondoso vocabulario es similar con características fonéticas tan próximas que ya no acepta discusión alguna sobre el particular.
Aconsejo, dijo, viajar a las tierras de Gengis Khan para que se convenzan que los idiomas aymara y quichua tienen su origen en las lenguas turco-antaicas de Centro Asia.
El antropólogo destacó también que la palabra “ayllu” es la choza mongola llamada “aul” y en ella viven el aulo o ayllus. “Cuando estuve en Shangai, prosigue Montaño Aragón, pregunté cómo se dice criatura en el idioma chino, me respondieron sencillamente ‘wawa’ o ‘guagua’ como en aymara o quichua”.
Es decir, que los habitantes andinos tenemos sangre y genes de aquellas latitudes y, de esta herencia tampoco se salvan muchas etnias bolivianas, entre ellas, la de los Urus que puebla el lago Poopó, en el departamento de Oruro.
Comentemos algo sobre los hombres del agua, como gustan ellos, llamarse.
HISTORIA
Para comprender el hondo significado de la etnia Urus es imprescindible referirnos a su particular historia; a una execrable y distorsionada historia, a una leyenda negra que tiene sus raíces en el Collado; que se acentúa con el gobierno Inca; que se hace fuerte en la Colonia y cuya detestable herencia la estamos presenciando hoy mismo.
LA COLONIA
Los cronistas de la Colonia española, Ludovico Bertonio, el padre Acosta y el padre Calancha, coinciden en que los Urus son: “Una nación que de ordinario son pescadores”; “Ellos mismos no se tienen por hombres. Cuentan ellos, que preguntados qué gente eran, respondieron que ellos no eran hombres, sino Uros, como si fueran otro género”; “Son aquellos pescadores de la Laguna y los isleños de aquel archipiélago, gente belígera, guerreadora, temeraria en lo que intenta y sin miedo de la justicia en lo que acometen o porque tienen fácil la huida, o porque es dificultoso prenderlos o porque los más los aborrecen de muerte a los españoles y les enamora poco la Ley Evangélica” ( Citado por Mario Montaño Aragón en Síntesis histórica de Oruro, 1972).
La visión de los cronistas de la Colonia ha influido, definitivamente, en la visión algunos historiadores bolivianos (con honrosas excepciones), que repiten esta leyenda negra.
ASOMBROSO GRUPO
Por el contrario, el arqueólogo e historiador boliviano, Roy Querejazu Lewis, en su obra Bolivia Prehispánica, Editorial Juventud, 1989, refiriéndose al pueblo Urus, afirma que es un: “asombroso y curioso grupo étnico” y prosigue: “Esta etnia proviene, al parecer, de las antiguas migraciones proto-agrícolas y pre-cerámicas que se produjeron a través del Estrecho de Behring hace más de 8 mil años antes de Cristo(…) De todas maneras, los Urus de hoy se nos presentan como la única supervivencia de pueblos proto-agrícolas, de cultura también cazadora, pescadora y recolectora, en todo el territorio andino de Bolivia. En origen pertenecerían a la Cuarta Cultura Sudamericana, portadora de las puntas líticas de jabalina tipo Ayampitín. Una vez llegados a Suramérica, ocuparon las regiones lacustres del Altiplano Andino, dando origen al denominativo de “Hombres de Agua”.
LOS MÁS ANTIGUOS
Ni los cronistas de la Colonia, ni historiadores influidos por corrientes europeas del Siglo Diecinueve, comprendieron por qué preferían ser “Urus y no hombres”. La explicación es simple: para ellos, ser diferentes fue y es una forma de sobrevivencia contra el avasallamiento cultural y de sus tierras.
Los Urus están conscientes de que, además de ser el pueblo más antiguo que pisa el altiplano andino; más viejo que el sol, tienen otra gran diferencia respecto a los “hombres secos”: ni el viento, ni las heladas ni el intenso frío, les hacen daño y por último, según sus portavoces, “tienen sangre negra” que les hace aún más diferentes del resto de los mortales. Es decir, que su propia visión, es la única defensa que tienen contra el mundo exterior.
Según el antropólogo Jehán Vellard, los Urus llaman a los otros hombre “Kont sun’chay” que traducido a la lengua española, significa “los hombres secos”, los “hombres terrenales”. Vellard, reproduce una conversación que tuvo con un anciano Urus, que a la letra dice: “Nosotros, el pueblo del lago, los kot-Suñs, no somos hombres. Mucho antes que los incas, antes que el Padre del cielo, Tatitu, creara a los hombres, los aymaras, los quechuas y los blancos, aún antes que el sol alumbrara el mundo, antes de la última aurora, que anunciaba la época actual, cuando la tierra estaba aún sumergida dentro de una semioscuridad. Iluminada solamente por la luna y las estrellas, más brillantes que hoy, el lago Titicaca mucho más extenso que el que tú conoces, se extendía hasta los confines del altiplano. Ya antes, nuestros padres vivían aquí. Nosotros no somos hombres. Nuestra sangre es negra, es por eso que nosotros no podemos ahogarnos; nosotros no sentimos el frío del lago durante las noches de invierno; las neblinas, las heladas que penetran a los hombres y les hacen morir de neumonía no nos hacen mal. El rayo no nos puede golpear. Nosotros no hablamos la lengua de los hombres y ellos no comprenden lo que nosotros decimos. Nuestra cabeza es diferente de aquella de otros indios. Somos un pueblo aparte, muy viejo, el más viejo, el pueblo del lago. Los Kot Suñs, nosotros no somos hombres”.

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